Archive for the ‘Brevísimos’ category

frío

octubre 26, 2008

Se quedó paralizado. La sangre ya no fluía. El ojo de su fusil seguía apuntando en dirección a la lejanía. La nieve caía a raudales, cortando el espacio diagonalmente. Su susurro cortaba incluso la respiración. Abrir. Cerrar. Dolorosamente. Los ojos. Si apretar el gatillo y disparar. Hacia la lejanía invisible y blanca. El dedo no respondía a las órdenes de su cerebro. Le temblaba el pulso y sin embargo, se sentía tan rígido como un témpano de hielo, los músculos entumecidos. Sus pies eran pesadas losas hundidas en la nieve. Inspirar. Pensar, con la mandíbula apretada. Esa lejanía asustaba. ¿Quién… quién vendrá? ¿Será amigo o enemigo? Un desconocido, al igual que él, en esa estepa inhóspita.


 

García Peña

Crash

octubre 26, 2008

Saluda al vecino, tras abrir su coche con el mando a distancia.

—¡Qué!, al tajo como siempre, ¿no? pregunta.

El hombre de traje oscuro sigue caminando. El eco de su firme pisada resuena por todo el garaje. Se acerca al coche, se desprende de la chaqueta y, cuidadosamente doblada, la coloca en el asiento trasero.

Cierra la puerta con un golpe seco y sonoro. Silencio. Se coloca en su asiento, corrige los espejos, se pone unas gafas de sol, aprieta el volante con fuerza y arranca, un ruido ronco que le saca del ensimismamiento. El hombre acelera y sale disparado subiendo la rampa que le lleva al exterior. Apenas ve al vecino diciéndole adiós con la mano.

Afuera brilla el sol. Dentro, un rock aguerrido se adueña de las articulaciones, marca el ritmo. Deja atrás el conjunto de bajos edificios, los dos pequeños montes que los rodean. Se mete en la autopista, donde circulan otros vehículos. Poco a poco el verdor se transforma en un gris sucio, áspero, de hormigón y cemento. Una guitarra estridente arrastra sus acordes hasta el límite. Acelera. A través de sus gafas oscuras, la carretera es una lengua de goma maleable. El coche ha desaparecido. Tan sólo existe la oscura carretera, a la que ve enroscándose tras él, allanando el terreno hacia delante, alejando a  los otros vehículos que le salen al paso. Más rápido. La voz roquera, desgarrada, se adueña de sus oídos. Ni siquiera es percibido el eco de los cláxones a su paso. Mucho más rápido. El pie en el acelerador hace desgañitarse al motor. La guitarra eléctrica desvaría. Las ruedas chirrían. Las manos pierden fuerza al volante. Y la oscuridad. La lengua de goma abrasa, enroscada al cuello. Su suave alquitrán quema en la piel, en el rostro, en las manos. Silencio.

 

García Peña

vistiéndose a oscuras

septiembre 14, 2008

Una mano temblorosa palpa el frío suelo. Huele a sudor, a alcohol del barato. Encuentra su vestido en un rincón, arrugado. Se pone en pie con dificultad. La oscuridad le envuelve. Una sala atravesada por el eco de los gritos. Lo sacude instintivamente, como si con ello ahuyentara de sí los malos espíritus. Aun así, el silencio restituido sigue oliendo a rencor. Se enfunda el vestido y lo deja caer, rasgando la oscuridad. A tientas descubre los zapatos. Enhebra la hebilla en la correa de cuero y huye con pasos desposeídos, tan lejos como puede.

García Peña