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los consejos de Ray

octubre 6, 2008

Siempre que leo estas palabras, tengo unas ganas increíbles de sentarme en la silla, encender el flexo y escribir sin parar durante toda la noche hasta que amanece, hasta que el dedo se adhiere tanto al bolígrafo que no hay quien lo despegue. Por eso, me he sentido casi obligado a compartir estas citas con vosotros. Ya me diréis si os pasa lo mismo.

“… ¿Y qué se aprende escribiendo?, preguntarán ustedes. Primero y principal, uno recuerda que está vivo y que eso es un privilegio, no un derecho. Una vez que nos han dado la vida, tenemos que ganárnosla. La vida nos favorece animándonos y pide recompensas. Así que si el arte no nos salva, como desearíamos, de las guerras, las privaciones, la envidia, la codicia, la vejez ni la muerte, puede en cambio revitalizarnos en medio de todo.

Segundo, escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es, por supuesto. No escribir, para muchos de nosotros, es morir.

Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, y que debemos librar aunque más no sea un flojo combate. Al final de cada jornada el menor esfuerzo significa una especie de victoria. (…)

Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya. (…)

Si uno escribe sin garra, sin entusiasmo, sin amor, sin divertirse, únicamente es escritor a medias. Significa que tiene un ojo tan ocupado en el mercado comercial, o una oreja tan puesta en los círculos de vanguardia, que no está siendo uno mismo. Ni siquiera se conoce. Pues el primer deber de un escritor es la efusión: ser una criatura de fiebres y arrebatos. (…)

¿Qué es lo que más quiere usted en el mundo? ¿Qué ama, o qué desea? Busque un personaje como usted que quiera algo o no quiera algo con toda el alma. Déle instrucciones de carrera. Suelte el disparo. Luego sígalo tan rápido como pueda. Llevado por su gran amor o su odio, el personaje lo precipitará hasta el final de la historia. La garra y el entusiasmo de esa necesidad -y tanto en el amor como en el odio hay garra- encenderán el paisaje y elevarán diez grados la temperatura de su máquina de escribir (…)

…hay ideas en cualquier lugar, como manzanas caídas deshaciéndose en la hierba por falta de caminantes con ojos y lengua para la belleza, sea absurda, horrorosa o refinada. (…)

Date prisa, no te muevas. Es la lección de la lagartija (…) Saltar, correr, congelarse (…) En la rapidez está la verdad. Cuanto más pronto se suelte uno, cuanto más deprisa escriba, más sincero será. En la vacilación hay pensamiento. Con la demora surge el esfuerzo por un estilo; y se posterga el salto sobre la verdad, único estilo por el que vale la pena batirse a muerte o cazar tigres.”

Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury.

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