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fuerza bruta

junio 4, 2009

Por lo visto, se ha puesto de moda entre los macarras de barrio entrar en las tiendas de alimentación de chinos y grabar con el móvil cómo te burlas de ellos y les haces una putada tras otra. Lamentable.

La otra tarde, cuando estaba trabajando en la tienda (soy comerciante), vi a mi vecina china de la tienda de alimentación de al lado, que me hacía señales extrañas a través del cristal del escaparate. Algo raro ocurría, porque los chinos no suelen ser dados a los aspavientos y a las muecas, al menos los de mi barrio. El caso es que tenía los ojos excesivamente abiertos, casi occidentales, así que me alarmé – soy una persona que se alarma y alarma a los demás con mucha facilidad – y salí a echar un vistazo. Ella me dijo algo así como “chicos malos”, “en tienda”, “hacen cosas malas”, y en seguida até cabos.

Es difícil hablar con un chino, porque generalmente ninguno sabe español y se limitan a repetir lo que uno dice. Por eso, en cuanto entré en la tienda de alimentación busqué a David, que es su hijo pequeño, tiene cinco años y va al cole, donde le enseñan nuestro idioma, y más o menos me entiende. Allí encontré a David – David es su nombre español, en chino aún no me lo ha dicho – que me explicó todo, y también encontré a los chicos malos, que estaban tirando cosas de las estanterías y empujando a mis vecinos orientales.

Por lo visto, se ha puesto de moda entre los macarras de barrio entrar en las tiendas de alimentación de chinos y grabar con el móvil cómo te burlas de ellos y les haces una putada tras otra. Lamentable. El caso es que eran tres aprendices de “Latin King”, de unos dieciséis años, bastante flacos, pero también más altos que yo. Cuando me vieron entrar se quedaron quietos, como esperando a que me fuese. Bueno, el caso es que la situación se tensó y como no me marchaba volvieron a hacer de las suyas. Entonces les traté de intimidar, diciéndoles algo así como “ qué pasa ! ”, y mirándoles fijamente – eso intimida mucho.

danielgarcia_1216293835_0Lo que ocurrió básicamente fue que los tres se encararon conmigo, e hicimos un “duelo de miradas” en el que, por cierto, nunca me he sentido latir tan fuerte el corazón ni flojear tanto las piernas. Entonces dije como buenamente pude “vale, esperadme aquí un momento”  y huí como un cobarde a por un arma infalible que me acordé que tenía en la tienda. Era algo que no podía fallar.

Cuando volví la situación seguía igual, y el encaramiento comenzó otra vez. Entonces dije algo así como… “bueno, mirad, vamos a arreglarlo de ésta manera” y saqué del bolsillo una china de costo que tenía de las últimas vacaciones, con papelillos incluidos, el kit de verano, vamos. Y continué; “yo os voy a dar esto y vosotros os vais a ir por ahí, vais a dejar a los chinos tranquilos y no vais a dar más problemas ¿de acuerdo, chicos?” Léase la última parte de la frasecita intentando imaginar la voz de Constantino Romero en Harry el Sucio. El caso es que funcionó y así fue como éstos chavales se llevaron mis últimos canutos de hachís y dejaron de hacer el capullo por el barrio. Aunque ahora que lo pienso, lo más seguro es que mis músculos les intimidaran.

Daniel García

http://www.soitu.es/u/danielgarcia

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